• 13May

    La sentencia que hoy comentamos considera atentado a la acción de un acusado frente a un agente al que intentó sujetar esgrimiendo unas tijeras.

    Los hechos sucedieron cuando los agentes fueron requeridos para realizar el traslado del acusado desde el centro penitenciario donde estaba cumpliendo condena hasta un hospital para que fuera atendido de unas lesiones que se había producido el día anterior.

    Los agentes encargados de dicho traslado sometieron al acusado, con carácter previo al mismo, a un registro corporal con resultado negativo y decidieron no hacer uso de los grilletes debido a que les habían comunicado que el acusado posiblemente tuviera rotos los dedos de la mano, no constando en la ficha del interno que aquél fuera peligroso.

    Llegados al hospital, el acusado fue atendido por una doctora quien tras las oportunas radiografías, le prescribió que mantuviera el brazo en cabestrillo hasta su completa curación, lo que motivó que a la salida del hospital, los agentes decidieran no colocarle los grilletes.

    El acusado, pese a hallarse custodiado en todo momento por los agentes, se apoderó de unas tijeras de quince centímetros de las usadas en oficinas y cuando estaban próximos a la salida del hospital, se zafó de uno de los agentes que le tenía sujeto y con las tijeras en la mano, se abalanzó sobre el otro tratando de sujetarle por el cuello con su mando izquierda al tiempo que acercaba las tijeras al cuello del agente, quien se agachó y empujó hacia atrás al acusado que impactó contra una cristalera.

    Los agentes salieron tras el acusado que se dirigió hacia el interior del hospital, llegando a la recepción donde se encontraban diversas personas y cogió por el cuello con una mano a la doctora que le había atendido mientras que con la otra mano, colocaba las tijeras en el cuello, advirtiendo a los agentes que depusieran las armas que habían desenfundado y le clavaría las tijeras a la misma.

    Así, el acusado y la doctora salieron del hospital hacia la calle y en un semáforo en rojo, se encontraba un vehículo esperando a que se pusiera en verde y el acusado se situó delante de este vehículo al tiempo que se dirigía a gritos a su conductor, diciéndole que bajara del mismo introduciendo por las ventanilla las tijeras.

    El conductor al ver que el acusado tenía a una mujer sujeta por el cuello, a la que apuntaba con las tijeras, descendió del coche poniendo el freno de mano, instante que el acusado se introdujo en el interior del vehículo, soltando a la doctora y emprendiendo la huída a toda velocidad.

    La doctora permaneció retenida por el acusado durante un tiempo aproximado de entre 5 y 15 minutos.

    Los agentes se subieron al furgón policial e iniciaron la persecución del acusado al que perdieron de vista, informando por radio de lo sucedido.

    Durante la persecución, el acusado circuló en dirección contrario colisionando con un vehículo que no pudo evitar el impacto. Huyó del lugar y en esa  huída, perdió el control del vehículo impactando contra una señal de tráfico, causando importantes daños al vehículo que tuvo que abandonar, escondiéndose en un patio donde fue descubierto por otros agentes que le habían ubicado a través de la información que se recibía por la emisora de radio y procediendo a su detención.

    Uno de los agentes sufrió lesiones así como la doctora. El acusado tiene un trastorno de personalidad antisocial grave, tiene politoxicomanía de larga evolución y un retraso men tal leve, con episodios de alucinaciones y ausencias. Dicha patología le convierte en muy peligroso por su alto grado de impulsividad y provoca que, en todo momento, tenga sus facultades volitivas notablemente disminuídas sin alcanzar su anulación.

    Se dictó sentencia en la que se le condenó como autor de un delito de coacciones en concurso con un delito de quebrantamiento de condena, un delito de atentado contra agente de la autoridad del art. 550 C.P. con la concurrencia de la eximente incompleta de enajenación mental, un delito de robo de uso de vehículo, un delito contra la seguridad del tráfico y dos faltas de lesiones.

    El Ministerio Fiscal interpuso recurso de casación.

    En primer lugar, alega que no se ha aplicado el subtipo agravado del delito d e atentado del art. 550 CP aplicable cuando la agresión se verificare con armas u otros medios peligrosos.

    El subtipo del art. 552.1 CP es de aplicación al atentado por acometimiento, quedando excluída la modalidad intimidatoria y la de resistencia grave, con las que no resulta compatible la exigencia de que el empleo del arma o instrumento peligroso se de en la agresión. La doctrina de la Sala señala que agredir equivale a acometer, pues acometimiento significa embestida o arrojamiento con ímpetu sobre una persona, o sea, un ataque o agresión. Si hay acometimiento aunque sea leve, existe atentado, apreciable por consiguiente por el hecho de abalanzarse contra el funcionario.

    Por consiguiente, en el delito de atentado del art. 550 CP, cuando el empleo del arma o del instrumento peligroso excede de una exhibición y se empuña o se esgrime peligrosamente, la agresión que esto representa debe considerarse verificada con armas y es de aplicación entonces el subtipo agravado del art. 552.1º CP.

    En este caso, el acusado cogió unas tijeras de quince centímetros y con ellas en la mano se abalanzó contra una agente, es decir, le acometió portando un instrumento peligroso que intentó colocarle en el cuello con el consiguiente riesgo para la integridad física del agente. El hecho de que no le clavara las tijeras no quita para que durante el acometimiento, estuviera a punto de hacer sobre todo porque el sujeto se las colocó en el cuello.

    En segundo lugar, alega también el Ministerio Fiscal la inaplicación del art. 163.1 CP (detención ilegal). Alega que la retención de la doctora a la que el acusado tuvo privada de liberta d, agarrada por el cuello bajo la amenaza de unas tijeras, debe calificarse como detención ilegal y no como delito de coacciones.

    Dice la Sala que la detención ilegal es una forma de coacción; en su jurisprudencia declara que ambos delitos lo son contra la libertad individual pero mientras el de coacciones tiene un carácter de mayor generalidad, el de detención ilegal se concreta en ataques dirigidos a la libertad deambulatoria ejecutados mediante conductas que encajen en los verbos típicos de encerrar o detener.

    En este caso, no se describe en el acusado un comportamiento violento o intimidatorio dirigido a imponer su voluntad sobre la voluntad de la doctora, sino directamente una inmovilización física de su cuerpo, es decir, una detención de su persona que quedó privada de su libertad ambulatoria, agarrada por el ac usado y mantenida así con la amenaza de las tijeras esgrimidas durante un tiempo en que la víctima estuvo detenida físicamente, es decir, no ya con su voluntad doblegada o sometida a la imposición del acusado, sino materialmente secuestrada sin libertad deambulatoria. La duración fue la suficiente para considerar verdaderamente afectada su libertad de movimientos, más allá de una fugaz limitación sin relevancia, y su liberación al cabo de ese corto espacio de tiempo sólo significa la aplicabilidad del subtipo atenuado del art. 163.2 CP (delito de detención ilegal).

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    Posted by Javier YAGÜE @ 16:40

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